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Álvaro Leyva habla desde Bogotá para Costa Rica

Publicado en Entrevista, Portada


Vilma Ibarra
Revista Poder

Bogotá, Colombia.- El exsenador  y constituyente colombiano, Álvaro Leyva Durán, no ha decidido aún si aceptará o no la invitación que le formuló la Comisión Especial Legislativa que investiga las presuntas actividades de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en Costa Rica. Consultado al respecto durante una entrevista exclusiva concedida a PODER se limitó a responder: “estoy invitado”, afirmación que reiteró una y otra vez.
La Comisión, presidida por la liberacionista Mayi Antillón decidió por unanimidad el pasado 12 de junio, invitar al también exministro y exaspirante a la candidatura presidencial  por el Partido Conservador, para que se refiriera a los eventuales vínculos de esa organización subversiva en nuestro país. Leyva vivió en Costa Rica durante seis años (recuadro) en doble condición de asilado político primero y refugiado después.
Además, como un veterano y reconocido facilitador de esfuerzos pacificadores y asesor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Leyva participó activamente en reuniones a las que concurrían en San José, representantes del gobierno colombiano de Andrés Pastrana, (1998-2002) de las FARC y en una ocasión hasta del Departamento de Estado de los Estados Unidos.
Para esa época, los costarricenses Jorge Urbina, Fernando Zumbado y Ottón Solís (también integrantes del PNUD) colaboraron de diversas formas en lo que se conoció en Bogotá como la “Sala de Situación”. Esa instancia generó el plan sobre “La crisis colombiana, las oportunidades para su solución y el papel de las Naciones Unidas”, una iniciativa que reunió, entre otros, a connotados dirigentes de la vida pública colombiana, con el propósito de que el gobierno que ganara las elecciones de 1998 tuviera una base de trabajo para continuar en la tan anhelada búsqueda de una negociación de paz con las FARC.

La entrevista

La siguiente es la entrevista que Álvaro  Leyva concedió a PODER en Bogotá.

-¿Sabe usted para qué lo invitó la Asamblea Legislativa de Costa Rica?

-No lo tengo claro.

-¿Ya le llegó la invitación?

-Sí. La embajada de Costa Rica me la hizo llegar por medio de un mensajero.

-¿Qué dice?

- Que me invitan para comparecer ante una comisión legislativa.

-¿Está considerando aceptar?
- Me invitaron.

-¿Va a ir?

-Estoy invitado.

-¿Va a aceptar?

-Estoy invitado.

-¿Qué podría aportar usted a la comisión?

-El asilo me imponía normas de comportamiento, de discreción, de bajo perfil, pero no me impedía seguir ayudando a mi país bajo el alero de mi cargo como asesor del PNUD. A mí me tocaba poner bases de confianza para que los acercamientos (entre representantes de las FARC y del gobierno de Colombia) pudieran darse, pero nada se hizo sin conocimiento de la autoridad.
Nunca me reuní con nadie a espaldas de las autoridades; inclusive yo sabía que a mí me hacían inteligencia y yo lo entendía como algo legítimo por parte de las autoridades costarricenses.
Entonces, alrededor de temas muy concretos de la paz, se produjo en Costa Rica la presencia de personajes como Raúl Reyes, Olga Marín y Rodrigo Granda (del secretariado internacional de las FARC). Supongo que entraron por la puerta de adelante y he de suponer que si las autoridades nacionales hubieran considerado razones para detenerlos, lo hubieran hecho.
Los gobiernos de Costa Rica, de Estados Unidos y de Colombia sabían que esas actividades políticas se estaban realizando. Y en todo caso, cualquier circunstancia que se presentaba yo la informaba al Ministro de Seguridad Pública.
Además yo tenía una estrecha relación con los funcionarios de seguridad de la Embajada de España, en San José,  porque a ellos les interesaba estar al tanto de todas las circunstancias relacionadas con la paz en Colombia. Para mí ellos constituían una especie de escudo protector y ellos en más de una ocasión me llevaron a España.

-Entonces, ¿usted cree que se ha confundido ese tema con supuestos vínculos de gente de las FARC con políticos costarricenses en el asunto del narcotráfico?

-Nunca surgió algo similar a lo que ahora se menciona en Costa Rica. Por eso no entiendo. No hay ninguna relación entre una cosa y la otra. Esto no puede ser una especulación abstracta.
El tema del narcotráfico en Costa Rica nunca ocupo la atención de quienes estuvimos negociando. En la única reunión entre Raúl Reyes y Phillp Chicola (representante del Departamento de Estado) se habló de la vinculación de la organización con los cultivos en Colombia, pero de Costa Rica nada. Costa Rica no aparece en el escenario de la droga ni del tráfico. Eso lo veo yo a raíz de esa invitación que se me hace. Creo que las autoridades competentes en Costa Rica son las que tienen que responder a esas preguntas, porque en esas conversaciones nuestras ese tema no estaba. Yo era un extranjero que luchaba en Costa Rica por la paz en Colombia.
Costa Rica nunca fue objeto de análisis ni de preocupación, desde el punto de vista de los temas que usted me señala, nunca.  Estamos hablando de un proceso que se inició en 1998 y ahora estamos en el 2008, y por primera vez eso llega a mis oídos, de tal manera que no me siento en capacidad de referirme a eso que usted me menciona (ligamen de las presuntas actividades ilícitas de las FARC en Costa Rica). Eso nunca fue materia de preocupación nuestra. De ninguna manera se vinculó a Costa Rica en los términos que hoy se mencionan allá.
El fenómeno del narcotráfico en Costa Rica no fue parte de nuestra agenda; nunca encontré a un funcionario del gobierno costarricense que dijera: ´aprovechemos la ocasión para hacer estas averiguaciones´.
Nadie me preguntó a mí si de las conversaciones sostenidas escuché algo respecto de ese tema, nunca, nunca. Entonces es imposible abordar un tema que no estuvo en el escenario. Y por eso, en un acta desclasificada del Departamento de Estado -que recibí hace dos meses- nunca se menciona a Costa Rica. Solo se menciona el tema de la vinculación de las FARC al narcotráfico a partir de Colombia.
La actuación de todos los actores en Costa Rica fue absolutamente transparente y además, dada  la categoría y los niveles de los funcionarios que participaban, si se hubiera sospechado alguna cosa, habría trascendido.

-¿Absolutamente transparente no quiere decir público?

-No, es que esto no era una feria. Es que las actividades serias no tienen por qué estar en la televisión. Todos los días, en el mundo entero se llevan a cabo negociaciones que no tienen por qué ser públicas; por el contrario, alrededor de estos temas y estas soluciones, es elemental la más absoluta discreción.
Precisamente una de las razones por las cuales no fue posible proseguir el diálogo que se inició en Costa Rica,  entre la guerrilla y el Departamento de Estado, fue que se filtró a la prensa. Y eso fue una lástima, porque Costa Rica era el país ideal, porque había sido protagonista de un proceso exitoso de pacificación centroamericana.
-La opinión pública costarricense fue sacudida por la revelación del contenido de unos correos electrónicos, incluidos en la computadora capturada en el campamento, donde cayó Raúl Reyes.

- Lo de la famosa plata (se refiere a los $480 mil incautados en San Pedro de Santa Bárbara de Heredia en marzo pasado) fue mucho antes de mi llegada.

Berrocal

-El exministro de Seguridad, Fernando Berrocal, se refirió, recientemente en una cadena televisiva colombiana (RCN), en términos negativos, a su presencia en Costa Rica e incluso dijo que su presencia puso en peligro nuestra institucionalidad  ¿Qué tiene que decir al respecto?

-Yo a él no lo conozco, sé que le gusta hacer política y que tuvo dificultades con el Presidente Óscar Arias. No sé dónde estaba él hace 10 años. Le  deseo buena suerte en su campaña política, pero que la haga por cuenta de otro.
Su declaración no tiene ni pies ni cabeza y no puedo opinar sobre una afirmación que surgió de una persona  que nunca se ha atravesado en mi vida.
Los únicos que pueden decir si es cierto que yo puse en peligro la institucionalidad costarricense, son los funcionarios que tenían a su cargo la observancia de la institucionalidad como el Ministro de Relaciones Exteriores (Roberto Rojas), el Ministro de Seguridad Pública (Rogelio Ramos) y el señor Presidente de la República (Miguel Ángel Rodríguez).

-¿Le molestaron sus afirmaciones?

-Cómo no se va a sentir incómodo que una persona que ha ocupado un cargo público alto, como un ministerio, salga de manera gratuita a decir cosas que no corresponden con la realidad. Claro que incomoda, porque obviamente uno tiene sus sentimientos, pero tengo que sobreponerme a eso, porque yo entiendo que él es un señor que quiere hacer carrera en Costa Rica, pero se equivocó. Se golpea contra un muro de contención y ¿cuál es el muro de contención? El Ministro de Seguridad Pública de la época, el Canciller de la época, el Presidente de la época…porque Costa Rica es un país serio que hubiera puesto el grito al cielo, y lógicamente me hubiera cancelado mi condición, y yo lo único que tuve fueron excelentes relaciones.

De México D.F. a  San José

La madrugada del 24 de julio de 1998, en un vuelo de Mexicana de Aviación, el ciudadano colombiano Álvaro Leyva Durán tocaba tierra costarricense. Procedía del Distrito Federal y venía a solicitar asilo político.
¿Qué lo obligó a tomar esa decisión? ¿Por qué escogió Costa Rica para protegerse? ¿Por qué casi cuatro años después decidió cambiar su estatus de asilado político por el de  refugiado? ¿Por qué fue detenido en España y cómo logró volver a Costa Rica?
En una extensa  conversación con PODER en la capital colombiana, Leyva  – que cuando de reconocimientos hacia la democracia costarricense se trata no escatima en elogios-  recordó los seis años de la historia que lo alejaron de su patria.

Esta es una síntesis de su relato:

-La sede de las FARC, fuera de Colombia, era México. Yo ya había estado allá con funcionarios del PNUD para ir adelantando las conversaciones (se refiere a un eventual proceso de negociación para la paz, con el gobierno del entonces Presidente Electo de Colombia, Andrés Pastrana).
En julio me correspondió ir nuevamente a México, a ver el documento final con Raúl Reyes, que era el comandante que tenía a su cargo las relaciones internacionales. Estando allí, en Colombia, me dictan una medida jurídica de “aseguramiento”, para seguirme un proceso por un falso delito de enriquecimiento ilícito, que constituía un golpe político y me di cuenta que tenía que buscar asilo.
México era muy lejos, no tenía amistades y pensé en Costa Rica,  porque era un país con una sólida tradición de asilo, porque tenía una prima hermana, un tío político, había estado en el país en varias ocasiones, conocía gente vinculada al PNUD y gente vinculada a la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano, con quienes había trabajado a propósito de los procesos de paz de Colombia.
Leyva Durán presentó un amplio expediente, con documentos y testimonios, para fundamentar su petición y finalmente el 23 de octubre en resolución 145-98 DJ, el Gobierno de la República le concede la condición de asilado político; condición que ostenta, hasta que en abril del 2002 decide renunciar a ella para acogerse al estatus de refugiado.

Yo quería más libertad para viajar, y siendo refugiado, la Dirección General de Migración y Extranjería me extendió un pasaporte bajo las normas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR). Particularmente quería viajar a España por nexos familiares y por mi relación con funcionarios españoles.

Pero Leyva no contaba que esa libertad le traería nuevos tropiezos…

-Fue increíble porque llegué a España acompañado por funcionarios españoles. Estando en una biblioteca me piden una identificación;  yo entrego el documento de viaje que me había extendido Costa Rica y al dudar del documento me llevan ante un juez que lo desconoce.
Por cierto que para ese momento los franceses me contactan, porque ya estaba secuestrada Ingrid Betancourt.

Es una extraña paradoja pero esta conversación con PODER se está efectuando la mañana del 2 de julio, al mismo tiempo que un comando del ejército colombiano está rescatando, junto con 14 secuestrados más, a la emblemática excandidata presidencial, tras seis años y cuatro meses de cautiverio; de lo cual el mundo se enteraría unas horas más tarde…

-¿Pero volviendo a la historia en España cuál fue la reacción de Leyva?

-Yo me molesto mucho porque el juez (que casualmente es el juez Del Olmo, quien  después se  hace famoso por su lucha contra el terrorismo, me pregunta: ¿esto qué es? Y yo le contesto que es un documento de viaje extendido por Costa Rica, en los términos de la Convención de Ginebra de 1951.
Entonces él responde: “pero es que Costa Rica es un país del tercer mundo”.
Y yo le digo que eso me parece grotesco, porque Costa Rica es un estado ejemplo para el mundo entero.
Entonces él me dice: no hable. Y quedo detenido por 40 días…

NUEVAMENTE LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

Salgo liberado porque me cambian de juez y el que asume el caso determina que hubo una situación irregular. Pero además, a los pocos días de estar liberado, se emite una resolución en Colombia que confirma que nunca debió dictarse orden de aseguramiento en mi contra y me liberan de los falsos cargos por los que había sido señalado.

Al ser liberado,  Álvaro Leyva regresa a Costa Rica y sigue viviendo en el país hasta abril del 2004, cuando decide retornar a Colombia.

Finalmente, tras seis años y medio de una las más terribles persecuciones políticas que a través de las vías judiciales haya conocido la historia del país, el 25 de agosto del 2004, la Corte Suprema de Justicia de Colombia dejó en firme las providencias judiciales que en primera y segunda instancia me absolvieron de las dolosas acusaciones que la fiscalía me hiciera, en 1998…

Algunos de estos detalles forman parte de la narración del capítulo “Del Centro Constitucional al centro penitenciario”, del nuevo libro que Leyva está a punto de terminar, y cuyos derechos de publicación ya cedió a una editorial colombiana.

Me hubiera gustado ser tico-colombiano

Pero este capítulo de PODER no estaría completo sin reseñar la aspiración incumplida de Álvaro Leyva por no haber obtenido la doble nacionalidad.

-Costa Rica significó todo en mi vida. En algún momento yo quise hacerme costarricense, pero los requisitos eran muy estrictos y no pude cumplirlos.
En ese país tuve una serie de satisfacciones personales y particularmente espirituales.
Tengo amigos excepcionales que en un momento me tendieron la mano. A esos amigos los considero una extensión de mi familia. Hacíamos tertulias y ellos no me consideraban extranjero y era como si nos hubiéramos tratado toda la vida.
Iba al estadio de la Liga con Jorge Urbina (hoy Embajador en Naciones Unidas) y cantaba el Himno Nacional y me sentía tan tico como las dos veces que hice la Romería a la Basílica de Los Angeles.
Nunca tendré suficientes maneras de demostrarle mi agradecimiento a Costa Rica.

Obsesionado por la paz

Sus amigos lo consideran un místico de la paz. Sus detractores lo acusan de haber hecho carrera política con el tema. Y él se describe a sí mismo como un empecinado.
Lo cierto es que tras 24 años de haberse alzado con las armas de la negociación, Álvaro Leyva no renuncia al sueño de la paz para Colombia. Aunque reconoce que todos los días es más difícil, asegura que no puede dejar esas armas porque constituyen “un estado de alma”. Y a veces, parece como si pensara en voz alta.

-Este es un país con unos conflictos tremendos; único en el mundo. Es algo que no termina.
Yo creo que una negociación de paz es un éxito de la inteligencia. Yo creo que el triunfo a través de las armas se puede lograr,  pero no se sabe cuándo ni a qué costos humanos.
Nosotros somos el segundo país del mundo en desplazamientos internos, somos el primer país en paramilitarismo, somos el primer productor de coca.
De manera que yo sí he sido un convencido de que todo esto tiene que tener salida a través del diálogo; de la palabra.
Se logró con el M-19, con el Quintín Lame, con el PRT, con el EPL, con sectores del paramilitarismo. Y entonces la vida lo va como comprometiendo a uno.
Yo sigo creyendo que es mucho más razonable lograr la paz a través de mecanismos de la inteligencia del hombre.
De alguna forma coincido con el Presidente Arias, de manera que esta posición mía no debe extrañar a un país como Costa Rica.
Se me hace que el tiempo que le he dedicado, ha significado tranquilidad para muchas personas, porque me ha tocado ayudar en muchos intercambios humanitarios y eso constituye una satisfacción.
Pero tiene usted razón, ésta no es una actividad fácil. Es cierto que el precio ha sido muy alto, pero lo que pasa es que se van atando una serie de circunstancias.

-¿Y hoy sigue en lo mismo?

-Hago “mandados”, como se dice en Costa Rica.

-Mandados… ¿en negociaciones para la  paz?

-Yo tengo muy variados oficios. Diseño programas en la universidad. Tengo una familia, escribo. Pero con una sola vida que se haya salvado, se justifica todo lo que se ha hecho y la verdad es que hay mucha gente andando por la calle en libertad, porque en algún momento pude hacer algo.

-¿Se podría decir que usted fue amigo de Marulanda?

-No. Fue una relación respetuosa.

-Pero él confiaba en usted.

-No se trata de confianza.

-Para ser facilitador o negociador,  sí.

-Bueno, hay que crear climas de confianza, pero el otro sigue siendo del otro lado. Uno va diseñando conductas para producir resultados que de alguna manera benefician a la sociedad y al país.

-¿Entonces usted se califica como un constructor de climas?
-Se requiere de una dialéctica especial; una condición de compromiso personal que produce confianza en las partes, requiere una construcción de situaciones para preestablecer pasos. Yo soy una especie de cocinero de unas sopas complicadas.

-¿Se dice que usted tiene contacto con Alfonso Cano?

-Eso no se expresa así. Yo lo que tengo son posibilidades de llegar a la contraparte a buscar soluciones a una situación en concreto; llámese intercambio humanitario, llámese paz.

En junio, la prensa colombiana informó que El Alto Comisionado para la Paz solicitó a Carlos Lozano Guillén (Director del periódico Voz) y a Álvaro Leyva Durán que interpusieran oficios para lograr un nuevo acercamiento con las FARC.

Un explorador de paz

Ha concluido una entrevista de muchas horas. He vuelto a ver a don Alvaro Leyva después de seis años. Me queda la impresión de haber estado con un rompecabezas complejo; de esos de muchas piezas pequeñas, parecidas pero diferentes. Un hombre lleno de inquietudes, por lo tanto extremadamente inquieto. Aferrado siempre a su moderno celular-computador personal, en un interminable intercambio de oraciones que no entiendo.
Me ha mostrado con orgullo sus cuatro violines -incluido el que tantas veces tocó estando solo en Costa Rica- y una gigantesca biblioteca de la que se jacta “porque es una de las mejores colecciones privadas de Colombia”.
A sus 66 años Álvaro Leyva sigue siendo un ser humano muy particular. Devora libros, canta ópera. Toca el violín, escribe. Es coautor del primer satélite artificial colombiano y artífice del observatorio astronómico de la Universidad Sergio Arboleda donde funge  como directivo.
Es una especie de rara avis. La política y especialmente la política de la paz lo domina en cuerpo y alma. Aunque él prefiere resaltar que es un romántico, de los últimos…porque cuando llega al Aeropuerto Juan Santamaría se emociona hasta las lágrimas; recuerda sus años de exilio, esos amigos  extensión de familia, esos aguaceros interminables que lo atormentaron al llegar y a los que finalmente se acostumbró porque entendió que “no hay un tico que no regrese un día a la casa con los zapatos empapados”.
Álvaro Leyva es como él dice “un buscador de cosas” pero aunque me diga que busca muchas, no termina de convencerme. Es monotemático: porque es por encima de todo, un buscador de paz.

 

Julio 2008 – Edición 2 – Año I


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