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Planes y escenarios de daño en el Río San Juan

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Allan Astorga Gättgens
Colaborador Revista Poder

Dr. Allan Astorga Gättgens, Profesor de Sedimentología, Geólogo Ambiental, UCR

Utilizando una disciplina científica de la Geología, la Sedimentología, que permite elaborar y prever escenarios sobre los procesos de erosión y sedimentación en ríos y costas, ha sido posible elaborar un modelado sedimentológico de lo que serían los “cambios de facies” y por tanto, interpretar los efectos que produciría la canalización y trasvase del Río San Juan hacia La Laguna Los Portillos.

A partir de esto, es posible pronosticar los cambios que ocurrirán y por tanto, las consecuencias ambientales que se darían con esos cambios. Una vez hecho esto, al menos en una condición inicial, el escenario final se considera altamente crítico, respecto a la gravedad del daño ambiental que se producirá y los cambios en la geomorfología de esta vulnerable zona que comparten ambos países.

Sistema deltaico en equilibrio
La revisión de mapas de la zona elaborados por la Marina de los Estados Unidos de América en 1898 y de fotografías aéreas oficiales del Instituto Geográfico Nacional de Costa Rica, de los años 1961, 1981, 1986 y 1997, deja claro varias cosas.
Primero que todo, que no ha existido un caño o canal de desagüe permanente que conecte al Río San Juan con la Laguna Los Portillos. Lo segundo, es que durante más de 110 años, el sistema deltaico de desembocadura ha estado en condición de equilibrio ambiental y más bien en un proceso constructivo, con crecimiento de las barras costeras en un sentido noroeste – sureste. Esto a pesar de que esa zona es afectada con frecuencia por el paso de huracanes. Con lo cual se demuestra la capacidad natural para compensar inundaciones marinas y fluviales. Todo esto ha permitido que sobre esta zona se establezca una importantísima cadena de ecosistemas, muy rica en biodiversidad.

Efectos sedimentológicos
La construcción del canal y el trasvase del Río San Juan, producirá importantes cambios en el sistema fluvial y litoral. Estos cambios representan verdaderos daños ambientales de diversas escalas. Estos efectos, se darán en cadena y su intensidad se incrementará conforme aumente el caudal trasvasado.

El trasvase del río hacia la Laguna Los Portillos, convertirá paultinamente, este prístino estuario en un pantano lodoso. La barra arenosa de Punta Castilla será abierta por erosión y el río desembocará directamente hacia el Caribe. Con ello, todos los sedimentos que acarrea ya no serán depositados en el sistema parálico del delta, sino que pasarán hacia el mar, donde las corrientes marinas paralelas a la costa los llevarán hacia Barra del Colorado, Tortuguero e incluso hasta Limón. También se incluyen los sedimentos que se producirían por el dragado del río, entre su bifurcación al Río Colorado y el canal artificial abierto, un tramo de 25 kilómetros.

Por otro lado, la pérdida de caudal en el cauce natural del río San Juan producirá graves efectos en los humedales costarricenses y nicaragüenses, produciendo erosión y transformado el sistema deltaico en un sistema “destructivo”, altamente vulnerable a la erosión.

Efectos en los ecosistemas
Sobre las diferentes facies sedimentarias del sistema parálico del Delta, se han instaurado ricos y valiosos ecosistemas terrestres, acuáticos y litorales. Todos ellos plagados de vida, en los que destacan mamíferos como el Manatí, el mono Congo, los Jaguares, la Danta, el Cabro de Monte, la Martilla, la Nutria, el Mono Araña y el Serafín del Platanar. También hay reptiles y abundantes especies de aves. Así como una rica vida acuática, incluyendo el Sábalo, el Guapote, el Róbalo y la Barracuda. Ello, sin hablar de las tortugas cuyo nombre se dió al Parque Nacional en esta zona.

Se trata de ecosistemas poco afectados por las actividades humanas, que se sitúan en zonas que han sido declaradas como sitios Ramsar, es decir, como Humedales de importancia mundial y establecidos, en ambos países en áreas silvestres protegidas. Son áreas con gran potencial para el aprovechamiento de bienes y servicios ambientales, para capturar carbono y como importante fuente de vida y de nutrientes a los ecosistemas marinos; así como fuente de actividades económicas de subsistencia y ecoturismo para las comunidades fronterizas.

Magnitud de los daños
El encadenamiento de efectos como producto del trasvase del río San Juan, permite hacer una primera valoración de los daños ambientales que se van a producir. Los resultados, aunque preliminares, deben servir para llamar la atención sobre la urgencia de tomar medidas precautorias.

La sola construcción del canal artificial está provocando un daño muy grande en el ecosistema boscoso y de humedal, con una afectación de alrededor de 60 mil metros cuadrados. No obstante, este daño se queda pequeño cuando se compara con los 6 millones quinientos mil metros cuadrados de humedales, canales fluviales, lagunas estuarinas y barras litorales que serían dañados de forma irreversible.
De estas 650 hectáreas, aproximadamente 400 se sitian en Costa Rica, y 250 en Nicaragua. Esto, sin contar todavía los daños que se producirían en el litoral Caribe norte de Costa Rica, por sedimentación acarreada por las corrientes costeras.

Urgencia de detener obras como medida cautelar
Las acciones tomadas por Costa Rica de demandar al gobierno de Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya, y solicitar la aplicación urgente de medidas cautelares son atinadas. No obstante, el aviso de que se puede tardar de 3 a 4 meses para establecer dichas medidas, no es para nada positivo. Los avances realizados en la construcción del canal para el momento en que se escribe este artículo (principios de diciembre), aunados a los efectos del dragado y el aumento del caudal del río San Juan, debido a la época lluviosa en esa zona, harían que los daños ambientales señalados se inicien. Es decir, antes de que la Corte ordene dichas medidas cautelares.

Debido a que el daño ambiental que se generaría sería de grandes dimensiones y de carácter irreversible para ambos países, es de extrema urgencia, que se detengan las obras de construcción del canal y del dragado.

Y que una comisión binacional realice un estudio del impacto ambiental que se dará como consecuencia directa de este proyecto. Ante esto es importante hacer un llamado a todas las organizaciones ambientales costarricenses y nicaragüenses, así como regionales centroamericanas, latinoamericanas y del mundo, para que se suspenda este proyecto y se realicen los estudios técnicos, de manera conjunta con los centros de investigación y expertos de ambas naciones.



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